Los chilenos que combatieron por la independencia de Cuba

En agosto de 1897 los mambises chilenos Carlos Dublé, J. Luis Ahumada del Canto y Carlos Buonocore, se embarcan en el vapor Sommer N. Smith, a las órdenes del general Emilio Núñez Rodríguez, con destino a Cuba. Ellos constituían parte de los internacionalistas chilenos que peleaban por la libertad cubana. Esta es su historia.

Misión en Nueva York

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Benjamín Vicuña Mackenna

La preocupación chilena por Cuba se intensifica en 1865, con la ocupación española de las islas Chincha. Para castigar el apoyo que Chile le otorga a su vecino, la escuadra española bloquea Valparaíso, y el gobierno chileno le declara la guerra. En esa coyuntura las autoridades nacionales perciben que para terminar con esa amenaza, se requiere la independencia de Cuba.

Pocos meses después, para implementar una estrategia en ese sentido, el Presidente José Joaquín Pérez (1861-1871) envía a Estados Unidos como agente confidencial, a Benjamín Vicuña Mackenna. Instalado en Nueva York se contacta con dirigentes del partido independentista cubano, y promueve algunas iniciativas: funda el periódico La Voz de América, que aboga por la liberación de las colonias; compra el barco Meteoro para que navegue como corsario bajo bandera chilena; escribe cartas a militares latinoamericanos instándolos a aportar a la independencia de Cuba; y propone realizar una expedición armada.

Vicuña Mackenna permaneció casi un año en Estados Unidos. Su nombramiento fue cancelado porque las autoridades norteamericanas lo acusaron de violar la neutralidad estadounidense.

“Mis chilenos”

A fines del siglo XIX en Chile existen muchas organizaciones que solidarizan con los patriotas cubanos. Destacan la Sociedad de Abasteros y Cortadores de Valparaíso, la Escuela Nocturna Fermín Vivaceta de Santiago, el Centro Social Liberal Democrático de Curicó, la Sociedad de Rancagua, los trabajadores de ferrocarriles de Concepción, la logia masónica de Iquique. Estos grupos recolectan fondos para la guerra y el traslado de voluntarios al Caribe. Papel relevante en esta cruzada tiene la prensa que apoya la causa independentista. Es probable que en Valparaíso se creara un periódico con ese fin.

La enorme simpatía por la lucha en Cuba motivó a jóvenes soldados que se ofrecen como voluntarios para ir a combatir.

Para trasladarse a la isla era necesario contar con la autorización de Arístides Agüero, representante del gobierno de Cuba en Santiago, porque la política cubana no promovía la integración de soldados extranjeros al ejército mambí. Por esta razón la mayoría de las solicitudes de enrolamiento eran rechazadas. Sin embargo, Agüero recomienda encarecidamente a tres oficiales, a quienes llama “mis chilenos” (Lara, Marcoleta y Gabler) que serán muy útiles por pertenecer al mejor ejército de Latinoamérica.

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Mambises cubanos

Los voluntarios deben llegar a Nueva York para ser concentrados en espera de la partida. Las expediciones hacia Cuba tienen que burlar el espionaje de la agencia Pinkerton (antecesora de la FBI), por lo que requieren planificación y sigilo. Los excursionistas salen en tren rumbo a Florida, luego suben en pequeñas embarcaciones que los internan en el océano hasta trepar al vapor que los conducen a destino. A bordo reciben un fusil Máuser, un revólver, un machete y 200 tiros. Con ese equipo desembarcan en la isla para unirse a las fuerzas independentistas.

Los combatientes de la Manigua

En la primera fase de la guerra (1868-1878), no se ha constatado la participación de soldados chilenos, pero se sabe que algunos se trasladaron hacia el norte con esa intención. Es el caso de Manuel Torres Vidal, quien forma parte de la llamada Expedición Sudamericana, que se desintegra al llegar a Panamá. Asimismo, los oficiales de ejército, Guillermo Pradel y Juan Tagle, se embarcan en Valparaíso con rumbo a Estados Unidos, pero se ignora si arriban a Cuba.

En la etapa final de la guerra (1895-1898) hay compatriotas que brillan en combate. El más destacado internacionalista chileno es el capitán Pedro Vargas Sotomayor, a quien el general Máximo Gómez, comandante en jefe del ejército mambí, le concede el grado de general de brigada, convirtiéndose en el chileno de mayor graduación en la guerra. Vargas se desempeña como lugarteniente del general Antonio Maceo, miembro de su Estado Mayor y uno de sus comandantes más distinguidos.

Es probable que arribara a Cuba en agosto de 1895 recomendado por la logia masónica iquiqueña, e inmediatamente intervienen en el combate de Sao del Indio (31 agosto 1895), donde es nombrado en la orden del día. Al mes siguiente, Maceo lo asciende a coronel, y poco después lo nombra jefe instructor de la columna invasora de Occidente. Tiene la responsabilidad de transformar en soldados a campesinos analfabetos. Además fue jefe de infantería, de caballería, de ingeniería y de artillería. Preparó modernos campamentos para atricherar las tropas con absoluta seguridad. Opera en la totalidad de los combates de la columna invasora hasta terminar en Mantua. Allí Maceo le entrega la misión de impedir el paso de los españoles hacia ese lugar. Al frente de un regimiento de tiradores cumple la orden.

Fallece a fines de noviembre de 1896. Las causas de su deceso son un misterio. Se dice que, enamorado de una bella mujer, enloqueció: locura de amor. Lo cierto es que sufrió una enfermedad mental, que en pocos días le provocaría la muerte.

El diploma que lo designa general de brigada nunca fue retirado. Casi cien años después, se erigió un monolito en su honor en el lugar donde se cree descansan sus restos. En el acto participaron chilenos exiliados.

Otro combatiente sobresaliente fue el capitán Arturo Lara Dinamarca, apodado “el León Chileno” por su valentía y decisión en la lucha. Era subteniente de ejército. Recomendado por Agüero integra el grupo “mis chilenos”, y es parte de la expedición del mayor general Calixto García. Esta unidad desembarca cerca de Baracoa (marzo 1896). En la guerra de Cuba, Lara obtuvo el grado de teniente coronel. Sobre su muerte no existe claridad, lo más probable es que haya fallecido en el combate de Jicarita, provincia de Matanzas (15 julio 1897).

Manuel H. Marcoleta, el segundo miembro del grupo “mis chilenos” era alto y fornido, de unos 30 años de edad. Su última destinación en el Ejército de Chile fue como capitán del Batallón N°4 de Infantería. Consteándose el pasaje con amigos, se dirigió a Estados Unidos. Allí se embarca en la expedición del Dauntles, a las órdenes de Ricardo Delgado. En la guerra se integra al Regimiento Habana bajo el mando del coronel Néstor Aranguren. Murió de fiebres, probablemente disentería, el 20 de octubre de 1897, en el campamento Montes de Oro. Tenía el grado de comandante.

Federico Gabler, el último integrante del grupo “mis chilenos”, era teniente del Batallón N°4 de Infantería. Rubio, alto, de ojos azules. Muy bravo en la pelea. Antes de partir se encontraba de guarnición en Iquique. En la guerra lo nombran capitán instructor del Regimiento Habana. Fallece de fiebres el 15 de diciembre de 1897, en la Sierra de Ponce.

Por su parte, José Lino Varas había pertenecido al Batallón Atacama. Se embarca en la expedición del vapor Dauntles, a las órdenes de Ricardo Delgado. El grupo arriba a Bacuranao cerca de La Habana, a fines de mayo de 1897. Varas es destinado a la caballería habanera dirigida por el coronel Aranguren. El 1 de octubre de 1897 en el combate de Monte Calderón, es herido en un brazo y capturado por las fuerzas españolas junto a dos combatientes chilenos. Fue trasladado a la Fortaleza de El Morro, y luego a un barco surto en la bahía. Estando en prisión enferma de paludismo, pero logra sobrevivir. Terminado el conflicto sale de la isla perdiéndose su huella.

Carlos Dublé Alquízar era empleado bancario, hijo de un héroe de la Guerra del Pacífico; J. Luis Ahumada del Canto, ex subteniente del Batallón Antofagasta y Carlos Buonocore, ex subteniente de ejército, se reunieron en Iquique y continuaron hasta Nueva York. En septiembre de 1897 arriban a la provincia de La Habana en la expedición del Sommer N. Smith. Allí se integran a las fuerzas de Aranguren.

El 1 de octubre de 1897 en el combate de Cerro Calderón, Buonocore y Ahumada del Canto junto a Lino Varas caen prisioneros, y son encerrados en la Fortaleza de El Morro. Posteriormente son trasladados a un barco anclado en la bahía, donde permanecen hasta el fin de la guerra. Carlos Dublé se desempeña como ayudante del mayor general Pedro E. Betancourt en el Cuartel General de la 1ra División. Interviene en muchos combates mostrando su coraje, obteniendo el grado de capitán. Al finalizar la guerra retorna a Chile donde escribe un libro de recuerdos.

Otros internacionalistas chilenos destacados fueron: Ricardo Elizarí López (el cura chileno). Era sacerdote. Llega a Cuba en 1894 desempeñándose como cura párroco de la villa del Cobre. Ayuda a los insurrectos tocando las campanas como señal de la presencia de tropas españolas. Por eso fue encerrado en la Fortaleza de El Morro. Cuando es liberado marcha a la manigua (zona pantanosa tropical) y se une a las fuerzas independentistas. Fue auditor de guerra del Primer Cuerpo de Ejército. El 21 de diciembre de 1897 fue ascendido a comandante. Juan Adolfo Brunet, teniente del Regimiento de Infantería Jacinto en Camagüey, es autorizado a salir de Cuba a la muerte de su padre. El soldado José Betancourt, campesino, se alista en el Regimiento de Infantería Tunas N°19. Y el soldado Francisco Paneque Sánchez, herrero, se desempeña en varias estructuras del ejército, terminando al guerra como asistente del general José Manuel Capote.

Fuente. Artículo de Cristián Pérez. Le Monde Diplomatique, junio 2013.


Historia CTM-2018

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